Tener una página en la Internet es como tener tu propio barquito —más bien una canoa (por cierto palabra ésta muy americanísima) que no sería de ninguna envidia para los miles de emigrantes que huyen a diario de la miseria y de los gobiernos corruptos de sus países—. Pues sí, lo escrito, una canoa personal en un mar virtual que no se sabe aún hacia donde podrá llevarnos. De lo último, lo único que se sabe es que el negocio de la guerra prosigue su marcha calavérica por la faz de esta tierra. Ah! — como clamara Dante, que por eso mismo Josep Pla ni Vallejo , hasta donde se les lee, jamás lo hicieron— y que el planeta, a pesar de los valientes esfuerzos de los ecologistas de toda parte y de Greenpeace, sigue maltrecho por la vía de una inconsciencia mundial, y que muere de pena pública al igual que lo que mata a su paso. Una diatrage talto, para decirla totalmente al revés. Y, sin griegos y sin Joice’s. Para la que no hay supermanes, ni minusmannes que valgan.
Escribo muy deprisa. Y en un diario, quienquiera lo escriba, de la correcta aplicación suele quedar, lo que al menos sería el punto más deseable cuando falla todo lo demás, la pedagogía del sentido común. No me hagan caso, advierto a quienes aquí me lean, si algunas veces hallan alguna nota con yerros o despropósitos ajenos al generalizado y muchas veces sabio y buen entender. Agradezco, de mano ante, las correcciones que le hagan a este diario, como no nenos agradecerles cualquier comentario. Por cierto, detesto el adverbio „como“ , y por ello, de aquí en adelante y al menos en esta página, me tomaré la licencia literaria de reemplazar „como“ por „ yomo“, mientras no encuentre otra solución. Lo ideal, yomo ya saben muchos escritores, es describir las cosas tal yomo son y evitar el „como.“
No saben cuántos proyectos literarios he ido dejando en el escritorio por la impotencia mía de no poder librarme de tal adverbio. Poder hacerlo aquí, aparte de tranquilizarme, igual le hago un gran favor a la Y, que tan pocas palabras tiene en nuestra lengua. El cambio en sí no tiene novedad ninguna, y me alegro por ello, pues de ese modo no destruyo la lengua, ni me falto a mí mismo. Dichoso don Juan Ramón Jiménez, que cambiaba la G por la J. Declaro, eso sí y pronto, que no tengo nada en contra con el uso de „como “ yomo verbo. Al contrario, si algo le hace falta a millones de personas en este mundo es comer, y comer bien. Por lo tanto, la conjugación del verbo comer , que es imprescindible en lo fisiológico, que quede tal ya es, y, más bien, que pase ya de una vez de la teoría a la práctica, en cuanto a la alimentación de la gente y los pueblos de toda parte.
12.11.06
No quiero ni pensar cuántas revisiones sufrió antes de salir de la imprenta „Beim Häuten der Zwiebel“ –Despellejando la cebolla, o algo así–, que son la memorias de(l) Herr Günter Grass, para poner así un alegre y ortodoxo ejemplo de lo dicho. De cualquier modo mi Diario es otra cosa, empezando porque yo no soy Günter y acabando porque mi diario no está a la venta y, por si ello no bastara, porque no tengo nada que ocultar que tenga después que revelarlo. Cuanto, eso sí, debió haber sufrido Grass para llegar a tal extremo de parir un libro expiatorio. Sencillamente lo compadezco, pero complejamente no. ¿Por qué esto último? Porque, en tan breve instante, tengo una respuesta humana y sencilla para lo complejo de ese dilema germánico: Günter es Günter, yomo Chaplin fue Chaplin. Y es que el acto culinario de cortar una cebolla es muy simple en sí. Lo azaroso es evitar el llanto que ello ocasiona. Ni siquiera las dulzonas cebollas chinas , que inundan los mercados europeos, están exentas de hacernos derramar lágrimas cocineras. En ese punto a Grass, que es uno de los grandes culinarios de las letras del presente, se le puede hoy acusar de todo menos de no haber llorado, de verdad, mientras despellejaba en la intimidad, con la catana de pasados y guerras mundiales, la llorosa cebolla de su infancia.
Por mi parte confieso, y desde ya, antes de esperar tres décadas para llegar a los 70 años, que he mantenido una batalla constante contra el consumo personal de chocolate. Y reconozco que no siempre triunfo. Algunas veces me apunto algún éxito, sobre todo cuando pienso en los millones de niños y niñas que ni siquiera conocen el chocolate: A muy pocos les ha importado, al parecer, por la respuesta tibia y apurada que la comunidad internacional suele darle a tales torrentes de desgracia y miseria acumulante, que los niños etíopes tengan que desenterrar las semillas de los cultivos en su búsqueda diaria de alimentos. En Centro América, que he estado en cada uno de sus países y vivido en dos de ellos, Honduras y Nicaragua, he visto regimientos de niños y adultos recogiendo desechos de los basureros, mientras la más nimia reunión de sus autoridades políticas es celebrada con banquetes tales, que de no haber leído algunas crónicas del antiguo imperio romano y sus colonias, jamás pudiera entenderlo todavía.
Pero cuando vuelvo a las andadas, pienso en los millones de niñas y niños que sí comen chocolate, así como yo nunca lo comiera de niño. „Javier —me digo entonces en tales trances— eres una vergüenza para la humanidad.“ Y créanme o no, que esas veces me siento peor que el ser más miserable de este planeta. Como muchos saben que hay otros seres más miserables que Mr. Push y su maquinaria de guerra, doy por descontado que pensaran que me sentí Mr. Push. Además, lo de miserable, y en eso hasta la RAE me acuerpa, tiene hasta 4 acepciones, de las cuales sólo en la última encaja muy bien Mr.Push. Pero el Nobel en el sentido exacto y pleno de „miserable“, en sus cuatro adjetivos, y mientras no se demuestre lo contrario, se lo llevan sin duda, día con día y año con año, los gobiernos que tienen en la miseria total a los pueblos de América Latina. Pinochet, el dictador chileno no dejó a Chile en la miseria yomo muchos de sus colegas de barbarie, y por sólo ese hecho aislado, en donde se refugian los que aún le defienden en el cono sur; pero de cualquier forma, se repaseó en la dignidad del pueblo chileno y fue gran master en asuntos de violar los derechos humanos de su país. Hoy el señor exgeneral está enfermo, más de allá que de acá, yomo decían nuestros ancestros. Un día de estos, a sus ochenta y tantos y yomo uno de los últimos dinosaurios moribundos de un pasado de miedo en el continente, dejará este planeta. Está tan mal, que me atrevo a decir no pasará de diciembre. El 10 de diciembre es el Día Internacional de los Derechos Humanos, que buen día, pienso yo, para que Pinochet, que ha tenido la oportunidad de escapar de todos los juicios yomo nunca tuvieran la misma oportunidad todas sus víctimas, dejara este mundo el Día Internacional de esos Derechos Humanos, a los cuales, él se los pasó en vida por su generalísimo trasero. Por lo pronto, ya pueden irle diciendo sus enemigos y amigos: „Adios Generalito.“ Si al Generalito Pinochet no le dan ese Nobel y el cual pido para algunos gobiernos de América Latina, es sólo porque ya se lo ha ganado antes y con creces, y porque, con nueva competencia en el presente, simplemente no podría repetir. Me reñirán quienes en otras latitudes pasan por el mismo calvario en sus países, pues hay gobiernos de toda laya y talla —talante, dicen otros— en la tierra; pero yo, que hago causa común por todo lo latinoamericano, en principio no estoy dispuesto a renunciar a ese Nobel para los gobiernos corruptos e insolidarios del continente. Si hay algo más triste que la muerte, y que conste que esa señora „no es triste porque es verdad“, yomo dijera un esclavo liberto en el libro cubano El Cimarrrón, es la insolidaridad social de todos aquellos y aquellas que alcancen un puesto público en gobierno alguno.
Volviendo a lo del Diario, que es un género sabido que los ingleses popularizaran, tengo la impresión de que es un invento más bien de los celtas, de los jóvenes celtas mejor dicho, para decirles por escrito a sus mayores lo que no podían decirles de palabra. De eso modo podían expresar: «Escribo aquí, Padre, hoy, que en vez de ir a conquistar la Galia mañana, deseo quedarme en casa jugando a la Runa con mis amigos.» Y es que las piedras rúnicas eran para los celtas lo que hoy, para los occidentales, es la Play Station.
13.11.06
De donde salgo victorioso, muy a pesar mío, es en otra lucha. Un tanto menos complicada que la del chocolate. Y es la de saber que muero cada día por cada día que vivo. Es entonces cuando aprecio, más que nunca, los girasoles que planta mi esposa en primavera. En el último verano crecieron arriba de los 2 metros, y yo salía a mirarlos por la ventana de mi estudio para cuando más se atascaban mis cotidianos y lentos procesos literarios. Ahora ha llegado el invierno, y pronto veremos la nieve, yomo si fuera familias enteras de ositos polares, colgando de los techos y cubriendo las copas de los abetos y los plattane.
14.11.06
Mi canoa virtual, pues, es muy simple, y es posible gracias a WordPress.com , mi hospedero naútico y al tema de Pressrow que diseñara Chris Pearson, quienes se han confabulado conmigo para echarla a navegar. Yomo ven, muestro mi agradecimiento hacia ellos, yomo lo mostraría igual a la persona más valiosa del mundo —porque suele suceder, más de lo previsto, que en verdad hay gente valiosa en cualquier sitio—; cuando ésta, desconocida y ajena de nuestros días escépticos al vapor de los inviernos de la Europa central, en donde residen actualmente mis poco ilustres huesos, un día cualquiera, nos regala una sonrisa.
Es claro que hay quienes no consideren tal gesto como un regalo cabal entre seres humanos, y estaría de parte de ellos, lo confieso con el corazón en el pie, si yo no hubiera nacido —hace ya muchos años— en un país de la América Central, y al que uno de sus mejores poetas, Roberto Sosa, para más señas y premio Adonay y premio Casa de las Américas, lo ha retratado bien en uno de sus versos yomo „país con nombre de abismo…“
Benévolo que siempre es el poeta Sosa, porque él, que ha leído Stephen Hawking, bien pudo versarlo igual con palabras yomo negro y agujero. Porque si bien es cierto que en Honduras —que así se llama la heroína de mis pesadillas y las del poeta— regalar una sonrisa resulta lo más parecido al fenómeno natural del aire; lo acojonante, y esto lo dicen mis cuatro amigos españoles, aquí en Suiza, es saber luego que quien te ha regalado su mejor sonrisa también ha sido probablemente la última suya. Es así de grande el horror y la violencia que crece en América Latina, y generalizo, para no quedarme sólo con mi heroína y la del poeta, que por eso creo que allí cualquier sonrisa es un verdadero regalo de la vida.
15.11.06
A propósito, en recientes días he leído una de las frases más hermosas que yo pudiera leer o pensar. Dice así:
«La vida es la enfermedad más mortal que existe;
desde que naces hasta que te vas.»
La misma no es del cuño de Gabriel García Márquez, aunque bien pudiera firmarla él y su imaginativa abuela, doña Tranquilina Iguarán, según él mismo lo ha dicho infinidad de veces. Pues no, la frase le pertenece a Francisco Hernández Ochoa. Un esquiador español, el primero en ganar una medalla de oro olímpica para su país, y de quien se sintió mucho su muerte tras la titánica lucha que librara contra una gravedad de esas que te llevan, en un dos x tres, a conocer la única y soportable levedad del ser. Hernández Ochoa no le ganó a su enfermedad, pero en cambio ganó muchos amigos verdaderos y muchos corazones hasta en lejanas tierras, el mío incluido. Por Manuel Berjón, uno de mis colegas españoles y madrileño él, también he sabido que el maestro Ochoa, y le digo así porque hay maestros de la vida en todos los campos, no dejaba de tararear Gracias a la vida, esa canción que medio mundo sabe la canta Mercedes Sosa, y que Ochoa cantaba cuando más le apretaban los dolores de su mal.
16.11.06
A decir verdad, la vida es infinitamente descarada con uno. Generalmente es bella cuando puedes siquiera sonreír, y valorarla no está en ninguna filosofía más que en la de su propio instinto de ser y correr, en una lucha permanente por no parar ni siquiera ante lo irremediable. No en vano, y por mucho que muchos escritores se resistan, Paulo Coelho ha sabido dar cuentagotas de un inusitado consuelo, al menos en sus primeros libros, a la vida en vilo de muchos lectores. Pero como nada puede ser perfecto, zas, que aparece Dan Brown, y hace volver todo al eterno punto de la curiosa nadería existencial que se pregunta y se responde, desde el retrete de las incógnitas, como para no ver la ingente puerta que separa el pasado del presente: P/: «¿Fue así?» R/: «Me limpio y luego respondo..». De ellos, y de las sensaciones distintas que ambos me provocaran, escribiré en otro momento.
16.11.06
(por la tarde)
Vuelvo, yomo al principio, con el tema de mí página personal: mi canoa virtual, y que no es otro que el resultado apurado de lo que ustedes leen aquí. Pero es desde este espacio, al que nombro Diario aun sabiendo que no es un diario en toda regla, del cual quiero decir algo más. Además, ya un colega me hizo la aclaración de la diferencia extrema que existe entre un diario y unas memorias. Al final, hemos concluído que las memorias vienen a poner en orden de prioridades a lo que faltaba priorizar en el diario. En otras palabras, las memorias son la nostalgias que resucitan de la tumba del diario vivido. Y, lo más interesante de ambos géneros parientes entre sí, es que ninguno de los dos sirve para algo importante, según opinión de casi todos los escritores que lo han hecho sin renunciar nunca, sin embargo, a hacerlo.
En fin, hablo ahora de mi diario. Primero, apunto que no intenta ser otra cosa que un medio para expresar mis cotidianos pensamientos, en lo que ellos me permitan, al igual que para exponer en público los temas literarios con los cuales esté trabajando. Total, que para eso son los blog’s, puertos que son barcos y barcos que son puertos, y entre unos y otros, siempre el maravilloso y sorprende ser humano intentando dejar, por ínfima que sea, una huella que diga a los otros: «Mírame, aquí estoy yo!» El medio, sean señales de humo o la internet, en este caso es lo de menos.
17.11.06
No hace mucho que estuvimos con mi esposa en Asturias, y antes de proseguir hacia Barcelona, fuimos a Ribadesella para conocer la-s- sorprendente-s- Cueva-s- de Tito Bustillo. Y ya adentro del que es uno de los hábitat extraordinariamente mejor conservados de nuestros primeros ancestros, fue cuando me dije, viendo sus pinturas y grabados, que los seres humanos del neolítico, de haber podido, también hubieran usado el chat, los blog’s, los email’s, y todo cuanto hoy bien o mal se usa para la irrenunciable comunicación.
De todos los grabados de las cuevas, uno que me impresiona de sólo recordarlo es aquél que parece ser el relieve de una mujer que llora. En ella no está sólo el „ay“ de Dante, si no todos los „ayes“ de todas las mujeres habidas en la tierra, y que valen por todas sus hijas e hijos aunque mal les entiendan.
18.11.06
Aparte de las anécdotas que deseo ir apuntando, esta esquina igual podría llamarse mi Diario de Trabajo . Algo que deseo compartir tanto con quienes conocen mi labor literaria así como con quienes se apunten, con firma o sin firma, para visitar mi pequeña canoa virtual cuantas veces así lo deseen. Y espero que el mismo „accidente virtual“, y aquí toco la madera de mi escritorio, sirva de contacto entre los muchos amigos y amigas que tenemos regados por medio mundo. Los últimos de ellos, para poner sólo un ejemplo, se acaban de marchar hacia el África. Saludos hasta Malabo, o donde quiera que estén ahora, Flory y Franck… No, no han sido ellos deportados por las leyes de extranjería francesa, pues ambos obstentan el pasaporte azul de la Unión Europea. Simplemente es que ellos han querido poner a navegar la canoa familiar de su destino, a la inversa de los maltratados ciudadanos africanos; quienes, con tanta oferta de pateras y patrones que les ofrecen para tan tristes viajes de la esperanza, seguro y con mucha razón que les parecería absurda mi pequeña embarcación.
No tengo nada que reprocharles por tal desdén hacia mi canoa virtual, o porque tomen la nave que más les convenga; por eso, ni por nada. Al contrario, hay días, cuando no soy el más miserable de todos mis mortales congéneres, que mi corazón le grita a mi boca: «Levántate pobre americano, que tú también eres africano.» En fin, que aquí en esta tierra todos estamos condenados a navegar sobre la vasta mar por la que nos arrastren nuestros anhelos y sueños. Como sea, y como bien dicen ustedes, Flory y Franck: „Je le note et je m’en félicite!“ No por lo escrito, sino por haber empezado esto de mi página personal como ya varias y bien intencionadas personas querían que lo hiciera…

1 Kommentar
April 9, 2007 um 12:39
Good site!!!