En el jardín de tus ojos
haciendo pastar conejitos de azúcar
N o la reconocí. O no quise ver a nadie más que no fuera ella misma. Tal como apareció, exactita, con esos ojos suyos tan fascinantes, por la esquina oscura donde dormían los escombros de la tienda Moda de París. Desde allí la vi venir, justo cuando entraba a la calle Cervantes, en donde yo me encontraba parado… No, más bien recostado, sobre un poste que tenía un farol con una luz algo papayenta. La luna estaba en su fase de plenilunio. Y, por los cuerpos desenterrados del lodo, hallados por los perros entrenados de los soldados méxicanos durante las labores de rescate del día, era más bien una noche nauseabunda que radiante. Abajo, en el río Chiquito, los japoneses y los ingleses hacían trabajar sus tractores: se miraban como hormiguitas, moviéndose cerca de los campamentos que levantaran, cada una por su lado, las brigadas médicas cubanas y norteamericanas…
Continua en Cuentos
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2 Kommentare
November 29, 2006 um 8:33
Interesante blog, voy a continuar viendo…
Dezember 6, 2006 um 9:19
De los cuentos más bellos que he leído, enhorabuena…
Blanca Yeats