November 22, 2006...10:24

Fragmento de Diario

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                                                                                              12.11.06

No quiero ni pensar cuántas revisiones sufrió antes de salir de la imprenta  „Beim Häuten der Zwiebel“ –Despellejando la cebolla, o algo así–, que son la memorias de(l) Herr Günter Grass, para poner así un alegre y ortodoxo ejemplo de lo dicho. De cualquier modo mi Diario es otra cosa, empezando porque yo no soy Günter y acabando porque mi Diario no está a la venta y, por si ello no bastara, porque no tengo nada que ocultar que tenga después que revelarlo. Cuanto, eso sí, debió haber sufrido Grass para llegar a tal extremo de parir un libro expiatorio. Sencillamente lo compadezco, pero complejamente no. ¿Por qué esto último? Porque, en tan breve instante, tengo una respuesta humana y sencilla para lo complejo de ese dilema germánico: Günter es Günter, como Chaplin fue Chaplin. Y es que el acto culinario de cortar una cebolla es muy simple en sí. Lo azaroso es evitar el llanto que ello ocasiona. Ni siquiera las dulzonas cebollas chinas, que inundan los mercados europeos, están exentas de hacernos derramar lágrimas cocineras. En ese punto a Grass, que es uno de los grandes culinarios de las letras del presente, se le puede hoy acusar de todo menos de no haber llorado, de verdad, mientras despellejaba en la intimidad, con la catana oxidada de pasado y guerras mundiales, la llorosa cebolla de su infancia…

(Continua en  la Página @Diario

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